jueves, 23 de junio de 2011

Dios, UNO y TRINO

"Donde hay amor tiene que haber tres: el que ama, el que es amado y el amor" Ricardo de San Víctor. 

Continuamos con los artículos para la reflexión sobre la Santísima Trinidad. En esta oportunidad: El aporte de la Patrística.


En los escritos cristianos prenicenos encontramos abundantes referencias que confirman la familiaridad con la doctrina trinitaria de la Iglesia prenicena:

En Ignacio de Antioquía (117 d.C):

"sois piedras del templo del Padre, preparadas para la construcción de Dios Padre, levantadas a las alturas por la palanca de Jesucristo, que es la cruz, haciendo veces de cuerda el Espíritu Santo." (Carta a los Efesios, 9: 1; Ruiz Bueno, Padres Apostólicos., pág. 452-453); "La verdad es que nuestro Dios Jesús, el Ungido, fue llevado por María en su seno conforme a la dispensación de Dios [Padre]; del linaje, cierto, de David; por obra, empero, del Espíritu Santo." (Carta a los Efesios, 17:2; Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, pág. 457).

En Policarpo de Esmirna (155 d.C):

"Señor Dios omnipotente: Padre de tu amado y bendecido siervo Jesucristo ... Yo te bendigo, porque me tuviste por digno de esta hora, a fin de tomar parte ... en la incorrupción del Espíritu Santo... Tú, el infalible y verdadero Dios. Por lo tanto, yo te alabo ... por mediación del eterno y celeste Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu siervo amado, por el cual sea gloria a Ti con el Espíritu Santo, ahora y en los siglos por venir" (Martirio de San Policarpo, 14:1-3, en D. Ruiz Bueno, Ed., Padres Apostólicos, p. 682). 

En Justino (165 d.C.):

"A El [el "Dios verdaderísimo"] y al Hijo, que de El vino y nos enseñó todo esto ... y al Espíritu profético, le damos culto y adoramos, honrándolos con razón y verdad" (Primera Apología 6:2; en D. Ruiz Bueno, Ed. Padres Apologetas Griegos, pág. 187)  

…"entonces toman en el agua el baño en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo." (Primera Apología 61:3; en Ruiz Bueno, Padres Apologetas Griegos, pág. 250).

En Ireneo de Lyon ( 202 d.C.), discípulos de Policarpo:

"La Iglesia, aunque dispersa en todo el mundo, hasta lo último de la tierra, ha recibido de los apóstoles y sus discípulos esta fe: ... un Dios, el Padre Omnipotente, hacedor del cielo y de la tierra y del mar y de todas las cosas que en ellos hay; y en un Jesucristo, el Hijo de Dios, quien se encarnó para nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, quien proclamó por medio de los profetas las dispensaciones de Dios y los advenimientos y el nacimiento de una virgen, y la pasión, y la resurrección de entre los muertos, y la ascensión al cielo, en la carne, del amadísimo Jesucristo, nuestro Señor, y Su manifestación desde elcielo en la gloria del Padre, a fin de ‘reunir en uno todas las cosas’, y para resucitar renovada toda carne de la entera raza humana, para que ante Jesucristo, nuestro Señor, y Dios , y Salvador, y Rey, según la voluntad del Padre invisible, ‘se doble toda rodilla, de las cosas en los cielos, y las cosas en la tierra, y las cosas debajo de la tierra, y que toda lengua le confiese, y que El ejecute un justo juicio sobre todos..." (Contra todas las herejías, I, 10:1; en Ante-Nicene Fathers vol. 1, tomado de internet).

Otros testimonios surgen en la segunda mitad del siglo II:

En Teófilo de Antioquía:

Es el primero en utilizar el término "Trinidad" (griego, trias). "Igualmente también los tres días que preceden a la creación de los luminares son símbolos de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría [el Espíritu]" (Tres libros a Autólico II:15; en Ruiz Bueno, Padres Apologetas Griegos, pág. 805).  

En Atenágoras de Atenas:

Defensor de la fe cristiana. Dirigió una "Legación" o defensa de los cristianos al emperador Marco Aurelio y su hijo Cómodo, hacia 177. "¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes admiten un Dios Padre y a un Dios Hijo y un Espíritu Santo, que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el orden?" (Legación a favor de los cristianos, 10; en Ruiz Bueno, Padres Apologetas Griegos, pág. 661).

En Tertuliano de Cartago (160-215 dC):

"Definimos que existen dos, el Padre y el Hijo, y tres con el Espíritu Santo, y este número está dado por el modelo de la salvación ... [el cual] trae unidad en trinidad, interrelacionando los tres, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ellos son tres, no en dignidad, sino en grado; no ensustancia sino en forma; no en poder, sino en clase. Ellos son de una sustancia y poder, porque hay un Dios de quien estos grados, formas y clases se muestran en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo." (Contra Praxíteles, 23; PL 2.156-7);

En Orígenes (aprox. 185-254 dC) discípulo de Clemente de Alejandría:

"Si alguno dijese que el Verbo de Dios o la Sabiduría de Dios tuvieron un comienzo, advirtámosle no sea que dirija su impiedad también contra el ingénito Padre, ya que negaría que El fue siempre Padre y que El ha engendrado siempre al Verbo, y que siempre tuvo sabiduría en todos los tiempos previos o edades, o cualquier cosa que pueda imaginarse previamente. No puede haber título más antiguo del Dios omnipotente que el de Padre, y es a través del Hijo que El es Padre. " (Sobre los principios 1.2.; Patrologia Graeca 11.132).

"Pues si este fuera el caso [que el Espíritu Santo no fuese eternamente como El es, y hubiese recbido conocimiento en algún momento y entonces llegado a ser el Espíritu Santo] el Espíritu Santo nunca hubiese sido reconocido en la unidad de la Trinidad, es decir, junto con los inmutables Padre e Hijo, a menos que El siempre hubiese sido el Espíritu Santo... De todos modos, parece apropiado inquirir cuál es la razón por la cual quien es regenerado por Dios para salvación tiene que ver tanto con el Padre y el Hijo como con el Espíritu Santo, y no obtiene la salvación sino con la cooperación de toda la Trinidad; y por qué es imposible tener parte con el Padre y el Hijo, sin el Espíritu Santo" (Sobre los principios I, 3:4-5, en Alexander Roberts and James Donaldson, eds., The Ante-Nicene Fathers, Grand Rapids: Eerdmans, Reimpr. 1989, Vol. 4, pág. 253).

"Más aún, nada en la Trinidad puede ser llamado mayor o menor, ya que la fuente de la divinidad sola contiene todas las cosas por Su palabra y razón, y por el Espíritu de Su boca santifica todas las cosas dignas de ser santificadas... Habiendo hecho estas declaraciones concernientes a la Unidad del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, retornemos al orden en el cual comenzamos la discusión. Dios el Padre otorga, ante todo, la existencia; y la participación en Cristo, considerando que Su ser es la palabra de la razón, los torna seres racionales ... [y] es la gracia del Espíritu Santo presente por la cual aquellos seres que no son santos por esencia, pueden ser tornados santos por participar de ella" (Sobre los principios I, 3: 7-8, en Roberts and Donaldson, pág. 255).

Alrededor del 260 (dC), en la disputa entre Dionisio obispo de Alejandría y Dionisio de Roma queda claramente planteado que el concepto trinitario estaba firmemente establecido:

Cuando Dionisio de Alejandría se alejó de la ortodoxia cristiana afirmando que el Hijo es una creación del Padre y con una naturaleza distinta, generó una respuesta de Dionisio de Roma donde afirma que debemos relacionar íntimamente al Hijo y al Espíritu, con el Padre, como lo establecen las Escrituras: "Digo pues, que es muy necesario que la divina Trinidad sea preservada en unidad y resumida en uno, en una especie de consumación, el Dios uno, el Todopoderoso”. No podemos permitirnos dividir la Unidad Divina en tres dioses, sino que debemos creer en Dios el Padre todopoderoso, y en Cristo Jesús su Hijo, y en el Espíritu Santo "; pero la declaración debe ser unificada en el Dios de todas las cosas, pues así se preservar{a la divina Trinidad.(Nic 26). A lo que Dionisio de Alejandría se avino y rectificando, afirmó:  “Porque así como no creo que el Logos sea una criatura, tampoco afirmo que Dios sea su Creador, sino su Padre"… “Sin dividir la Mónada, la expandimos en la Trinidad, y a la vez combinamos la Trinidad, sin disminuirla, en la Mónada." 

También Metodio en 311 (dC) afirma en sus escritos que Cristo está junto al Padre y al Espíritu y a Él se acogen los creyentes; la fórmula y el concepto de la Trinidad aparecen constantemente en la obra de Clemente de Alejandría (150 - 215).

Finalmente, el Concilio de Nicea (325 dC) afirma:

"Creemos en un Dios Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles.

Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del Padre, es decir, de la substancia del Padre, Dios de Dios; luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no hecho; consubstancial al Padre; mediante el cual todas las cosas fueron hechas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra; quien para nosotros los humanos y para nuestra salvación descendió y se hizo carne, se hizo humano, y sufrió, y resucitó al tercer día, y vendrá a juzgar a los vivos y los muertos.

Y en el Espíritu Santo.

A quienes digan, pues, que hubo cuando el Hijo de Dios no existía, y que antes de ser engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son, o que fue formado de otra substancia o esencia, o que es una criatura, o que es mutable o variable, a éstos anatematiza la iglesia católica."

Algunos años después el Concilio de Constantinopla (381 dC) confirma el credo niceno y añade algunos artículos pneumatológicos, siendo la primer definición completa del dogma trinitario.

A lo largo de los siglos el desafío de la Iglesia ha sido transmitir el kerigma apostólico y la reflexión doctrinal de la Iglesia primitiva a la sociedad y la cultura de cada época.

Uno de los grandes desafíos para la teología y el magisterio de la Iglesia contemporánea es adaptar el contenido de la doctrina trinitaria (de comienzos del siglo IV) para la humanidad del siglo XXI, quitando todos los contenidos coyunturales y manteniendo los contenidos esenciales; una humanidad que se encuentra muy distante de los sucesos y contenidos que se transmiten y que por cierto es sumamente heterogénea.

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Próxima entrega: Aportes del teólogo Karl Rahner.

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